11.06.2015

CUESTIÓN DE LUJURIA: ISLAS GRIEGAS, CAPITULO 12

Efectivamente la noche era joven y excitante. La música nos envolvía el cuerpo y nos entregamos totalmente a ella. Isabella ríe y disfruta de su momento, todos tienen algo que ver con ella, se acercan amigos, conocidos, fans de su trabajo, todos con palabras y abrazos en señal de cariño hacia ella. Esta feliz, se le nota en su cara.
Decido acércame a ella y llevarla a bailar conmigo, me sigue encantada agarrada de mi mano. A su lado me siento una inexperta en la pista, pero disfruto de verla bailar. Coquetea conmigo descaradamente y eso me pone a mil, siento como mi corazón palpita deseándola, esta vez decido dar yo el paso. Me acerco a ella, la tengo tan cerca de mi boca, que sus suspiros me llenan los pulmones. Sus delicados labios me invitan a besarla y así lo hago.
Delicado, suave, excitante y sensual, así es como vivo ese beso. Un beso cargado de sexualidad reprimida, que las dos deseamos dejar salir. Sé que desea que le diga todo lo que podría hacerle a su cuerpo y yo me muero por demostrárselo
- ¡te deseo! - le digo lo que muchas veces he callado, se lo digo con lujuria, con morbo. Ella me mira sin asombro pero con vicio, su mirada se llena de fuego y me lo trasmite. Siento como me quema, como me atrae directamente a su ambicioso infierno, lleno de sexo y placer.
Nuestras miradas hablan por sí solas y nuestros cuerpos gritan el hambre por la carne. Ahora ella es quien toma el mando, así que me ofrece su mano y me lleva de camino a la oficina de Juan. Este nos observa de lejos mientras subimos las escaleras hacia su despacho y sonríe, sabe bien que la noche esta por subir el nivel.
Cierra la puerta detrás de mí y se abalanza a besarme, yo recibo afanosa sus labios, besándola ardientemente mientras la tomo por la cintura. Ella apoya su mano contra la puerta, entre tanto su mano derecha toca mi cara dulcemente. Nos detenemos unos segundos y nuestras miradas se encuentran. Hablamos sin palabras, simplemente nos consumimos en la pasión que los poros de nuestros cuerpos emanan. La deseo como a ninguna

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