7.22.2015

CUESTIÓN DE LUJURIA: ISLAS GRIEGAS, CAPÍTULO 7


Abandonamos la isla de Naxos para embarcarnos de nuevo en el crucero con dirección a la isla de Paros, dos días para recorrer Parikia, su capital. Un hermoso pueblo de casas encaladas asentado sobre la ciudad clásica. Por eso los restos arqueológicos afloran entre jazmines, algo que me lleva añorar los comienzos de mi relación con Juan.
El día se llena de exquisitos gustos gastronómicos griegos e internacionales que se encuentran en el pueblo. Nuestras largas pero interesantes caminatas, nos ayudan a conocer la alegría y los detalles excesivamente cuidados en todos los comercios y cafeterías que rodean al pueblo.
Al ser una sola noche en la isla, nos ponemos de acuerdo para disfrutar de la vida nocturna que Naxos tiene para darnos. La gente local nos recomienda Naoussa, que está ubicada al norte de la isla. Un puerto pesquero que ofrece gran variedad de restaurantes, tabernas y refinados pubs con una gama de ambientes donde las prisas y el estrés no son bienvenidos.
Como siempre, Ana y yo nos vestimos para cautivar. Ella en principio no quería llamar tanto la atención, aunque tiene un cuerpo para admirar, pero yo la convencí que lo mejor que podría hacer es sacarle partido
- ¡vamos Ana!, con ese cuerpo espectacular que tienes, ¿cómo no aprovechar y mostrar lo que Dios te ha dado? – rio anímicamente mientras con total confianza le doy una palmada en su culo mientras ella se mira al espejo
- sí que me gusta mostrar, pero no soy como tu Andrea, eres más…picara – dice mientras me sonríe por el espejo – además, tu sí que tienes un cuerpo de escándalo, otra cosa es que no te des cuenta – esta vez se da media vuelta quedando frente a frente conmigo, mientras yo me sonrojo tontamente ante su comentario.
Confieso que cuando conocí a Ana me encanto, aunque no paraba de hablar. Su mirada tan cálida, su voz melodiosa y su cuerpo finamente pincelado me llamo muchísimo la atención. Me encanta las mujeres como ellas, tan delicadas
- bueno venga, que aún nos queda el maquillarnos – digo sin dejar de mirar fijamente sus labios, que el sol de Grecia a coloreado con un rojo intenso que invita a besarla. Ella por su parte, pensativa y aun de pie frente a mí, suspira pausadamente, no logro descifrar sus pensamientos pero su mirada se convierte en una confesión
- ehh…Andrea…- dice mientras juguetea como una niña con su dedo índice en la boca - ¿recuerdas aquella confesión que quería hacerte? – le indico que si con la cabeza mientras me distraigo con su juego tonto que me trae loca – pues…creo que
- ¿crees que?, venga nena no será tan grave lo que tienes que contarme – le digo para así apresurar su confesión porque la curiosidad me está matando
- pues…es que…creo – dice pausadamente. Cuando de repente, su confesión sale de golpe - ¡me gustan las mujeres! – espera silenciosamente en busca de una respuesta por mi parte. Mi cara denota sorpresa pero a la vez sonrió porque pienso que el destino me ha dado una clara señal
- pero ¿estas segura de eso?, mira que muchas veces observamos a otras chicas simplemente por admiración a su belleza o personalidad – le digo mientras que ruego porque su confesión no cambie
- al principio pensé que sería eso, pero ahora estoy segura que no, que me gustan también las chicas. No sé cómo se pueda tomar esto Carlos, nunca he tenido ninguna acercamiento con una, pero es que no paro de pensar en ello. Además tengo una en la cabeza que me está volviendo loca – señala mientras continua con su juego entre su dedo y su boca
- ¿Qué pasa con esa chica? ¿Has tenido algún momento? –
- no literalmente, pero la otra noche que tuvimos Carlos y yo, ese momento cama tan fogoso que te comente – sonríe provocativamente mientras recuerda aquella noche – me imagine con ella y fue más que excitante.
La confesión de Ana me pone alerta, siento como mi coño responde ante sus palabras, me excito y no puedo evitarlo. Me emociona pensar que ella le atraigan las chicas, aunque sea una nueva experiencia para ella, me gustaría ser parte de ella, pero nos queda poco tiempo para ello, debo buscar la manera de lanzarme.
- bueno, ya me contaras quien es la chica – digo mientras me dirijo al espejo para maquillarme – además nena, puede que tengas la oportunidad con ella y si Carlos lo sabe, seguro se apunta a esa nueva experiencia – sonrió maliciosamente a lo cual ella responde de igual forma
Se pone a mi lado y me imita, maquillando sus ojos claros. Nos quedamos en silencio, aunque yo no paro de mirar en el reflejo del espejo. Ella también lo hace y veo en ella algo más allá de su anterior confesión que me hacen pensar que aún queda más. No me atrevo a preguntarle, pero mis deseos por saber más me inundan vorazmente.
Terminamos con destreza nuestra tarea, dando así los últimos toques antes de encontrarnos con los chicos. Ana me pide que le ayude con una delicada cadena que quiere ponerse para esta noche. Hace su pelo rubio hacia delante y deja al descubierto su cuello. Me resisto en besarlo, así que me apresuro a ponerla
- tienes un cuello precioso – digo mientras termino de abrochar la cadena. Sonríe tímidamente y me agradece por las dos cosas – por cierto, no te preocupes por el nuevo descubrimiento que has hecho con las chicas – le susurró al oído mientras poso mis manos en sus hombros acariciándolos suavemente – si necesitas ayuda, solo tienes que pedírmela – se da media vuelta con una expresión de sorpresa ante mis palabras
- tu…tu...tu – sus palabras son cegadas por la sorpresa - ¿Cómo?...digo, ¿tú también? –
- ¿yo también? – rio divertida ante su pregunta – sí, si…yo también, es por eso que te digo que si necesitas ayuda, hablar o…algo más, pues aquí estoy
- bueno, sí que me vendrías de mucha ayuda la verdad, porque… - se muerde el labio inferior de manera nerviosa – la chica de la que te hable…
- ¿sí?, ¿Qué pasa con ella? –
- eres tu – y como siempre su timidez se convierte en nerviosismo ante una nueva confesión.
El silencio se adueña de la habitación. Las dos, pensativas, una frente a la otra. Decido no perder un minuto más y sin pensarlo me lanzo y la beso. Un beso suave, totalmente delicado. Ella responde a mi beso. Segundos después se separa de mis labios
-¿Qué haces? – pregunta bastante sorprendida. No le doy tiempo para analizar aún más la situación y la beso de nuevo. Sus labios se vuelven presos de los míos, no tiene escapatoria.

Se deja llevar por el momento y me besa descaradamente. Nuestras lenguas juegan y las caricias hacen parte del momento. Le acaricio la espalda mientras sus manos se agarran a mi cintura. Tiene unos labios dulces y su sabor me embriaga, son lo más delicioso que he podido llegar a besar. Los minutos se hacen eternos pero el deseo aún más, no quiero parar y sé que ella tampoco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario